domingo, 19 de diciembre de 2010

Los lugares cambian demasiado rápido.


Hace algunos días llegué a un sitio que ya me había albergado antes. Los mismos lugares y las mismas personas, el calor asfixiante que ya muchas veces me había recibido y que ha multiplicado progresivamente mi amor tan poco ecológico por el aire acondicionado. 

Una llegada distinta, con la ausencia de una recepción previamente anunciada y como alguna otra ocasión, con una negociación desventajosa con un amable taxista, con los que nunca he podido pasar como local, marcado desde la primera palabra como extranjero sin que el acento sea notablemente distinto, en el que unos cambiamos eses por jotas sin ningún reparo y otros prefieren olvidarse de ellas por completo.

El regateo rindió frutos y al final pagué la mitad de lo que me pedían, me adentré en la ciudad y encontré todo distinto, la ruta no fue la misma, mi destino inicial no era el de siempre, un paso intermedio antes de llegar al lugar donde desempeñé durante el último año el arcoíris de roles más diversos en el lapso de tiempo más corto que pueda recordar.

Pisé el lugar, observé con cuidado a la más inusual de las recepcionistas, enseñoreada en su espacio, esperando me dedicara una mirada fulminante con un enojo cuyos orígenes solo encuentran sentido en una pérdida de privilegios que yo provoqué. No hubo tal mirada, algo había cambiado en todo el entorno, lo supe entonces y un par de días después, al despedirme de aquel lugar, lo asimilé.

Las cosas pueden permanecer estáticas con el largo paso del tiempo o dar un giro radical en un pequeño lapso. Con solo cambiar el punto de vista, salir y volver. Pero al final el tiempo depende de nosotros, el tiempo se acelera y se detiene acorde a la intensidad con que vivimos. Los lugares que hemos convertido en nuestra casa dejan de serlo con la frecuencia con que renovamos nuestros ciclos y nuestra mirada apunta en nuevas direcciones, esperando que pronto esa dirección sea la del sitio en el que nos encontramos ya, un sitio donde podamos detenernos.

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